jueves, 29 de mayo de 2008

D.E.A.

Bueno, Óscar, vamos a ver cómo funciona esto...

Se me ha ocurrido hacer una especie de Diario de un Espectador Anónimo (o Aburrido). Se trataría de un ejercicio de construcción de la mirada, que sería también de construcción de un cuerpo, lo que toda la vida se llamó "un personaje", al que se le va creando una historia como espectador, como persona que va por ahí mirando... El relato sería fragmentario, y cada uno (de manera anónima) va añadiendo uno o varios fragmentos a raíz de cosas que haya ido viendo, en Madrid o en cualquier otra parte, el espectador ve obras, se entusiasma, se cansa; en unas atiende al espectáculo, en otras al que tiene sentado delante o al lado; piensa en lo que va a hacer después o en lo que hizo antes, en lo que harán los demás, se monta su obra en la cabeza, mientras mira lo que está sucediendo en el escenario...

Los datos que se comentan son reales, es decir, espacios, obras, públicos, situación de las salas, teatros o galerías, precio de las entradas, comportamientos de la gente... Al hilo del relato, se van colgando materiales de las obras o haciendo links con las páginas de los artistas, otros materiales... Algunos de estos (descripciones, fotos, análisis...) pueden pasar luego al Archivo de ARTEA, o estar al mismo tiempo colgados del Archivo y del blog, de modo que el Diario funcione como una especie de Archivo paralelo, con un tono más personal y de autoría colectiva; la parte emocional, subjetiva y caprichosa que esconden los datos y discursos teóricos.

Lo ideal es que este texto, que iría creciendo a medida que se añadan fragmentos, esté situado en algún sitio (no sé cómo se podría hacer). Algún sitio donde uno se mete y añade un fragmento o varios, separando cada bloque por tres estrellitas o algo así, y que todo el texto quede ahí entero. Bueno, os pongo un ejemplo de lo que quiero decir (ya lo vamos discutiendo, por internet o si no, en persona, terminamos de ultimar el asunto. A mí, la Residencia de Estudiantes para reunirnos me parece bien, es un sitio agradable. Lo del 19 de junio, la charla con Ramírez, se me ha complicado, me han puesto a las 11:00 un tribunal de tesinas de maestría...).

La semana que viene cuelgo los materiales de los que hemos hablado (Mieke Bal y Nicolas Bourriaud).

Ahí va un textito para este DEA apócrifo:

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La primera escena de este diario de un espectador, hoy más aburrido que anónimo, puede suceder una tarde de primavera, cuando nuestro héroe espera, arrugando entre sus dedos el papelito rojo que le dieron como entrada para acceder a El Canto de la Cabra, cerca de la Plaza de Chueca, en Madrid. Se apelotona entre un grupo reducido de gente que espera también a entrar por el estrecho pasillo que conduce a la sala. Todos parecen conocerse. En fin, una reunión de amigos. Todavía en la calle, porque dentro no se cabe demasiado bien (y además no se puede fumar), ve el olivo solitario que hay en mitad de la plaza. Con esa imagen en la cabeza se pierde en la oscuridad de la sala, pensando, con un poco de escepticismo, en lo sugerente de ese olivo y en lo quién sabe si sugerente o no de lo que le iba a ver ahí dentro de la sala. “¿Tan difícil es copiar un poco de la naturaleza?”, se le ocurre un clásico, mientras le vienen a la cabeza las palabras de Michi, sentado sobre sus patas traseras, al final del pasillo, con la pañoleta roja al cuello, antes de cerrar la puerta de casa: “yo que tú me iría al cine”.

Mayo florido y hermoso le pareció un buen reclamo como título para un ciclo de “días de acción y creación escénica”, y David Fernández, el artista que estará los días 30 y 31 de mayo, anunciando en su blog que tomará viagra para hacer la obra. Bach y masturbación. A tres euros la entrada, cincuenta minutos de espectáculo, en el peor de los casos un peep-show en temporada de lanzamiento y versión (anti)intelectual, se dijo el señor E. resignado, asumiendo su papel de héroe patético de la cultura. “Los cuerpos salvarán el teatro, o lo terminarán de hundir” y se acomodó en su asiento mientras se congratulaba por lo bien que le quedó la cita.


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